De nuevo, vendimia
Nos encontramos ya en plena vendimia. La recogida, generalizada ya, en La Mancha, de la uva airén, variedad blanca mayoritaria en España, con cerca de 200.000 hectáreas, es el mejor indicador de que la cosecha de la uva en nuestro país se encamina ya a su fin, a finales de este mes; muy lejos de las fechas de mediados, o incluso finales, de octubre en las que acababa hace unos años.
Los efectos del cambio climático, con temperaturas extremas en el final de la primavera, con noches con temperaturas por encima de los 20 grados, y días por encima de los 40, empujan la maduración de la uva, que empieza el verano con un grado alcohólico ya no tan inusualmente alto.
La escasez de precipitaciones de los últimos meses se va a traducir, además, en una cosecha, nuevamente, relativamente corta, según las estimaciones de la Interprofesional del Vino de Castilla-La Mancha, que apunta a unos 34 millones de hectólitros de vino y mosto en toda España, ligeramente por encima de los 33,1 millones de hectólitros elaborados en 2025. De forma particular, en la principal región productora, Castilla-La Mancha, se esperan unos 19 millones de hectólitros, muy cerca de los 19,2 millones de la campaña pasada.
La acumulación de tres cosechas previas reducidas en nuestro país, 28,5 millones de hectólitros de vino y mosto en 2023, 30,8 millones en 2024 y 33,1 millones en 2025, hacen posible que, a pesar de la caída de las ventas de este último año, las existencias sean muy reducidas, 33,4 millones de hectólitros de vino y mosto a finales de junio de este año, coincidiendo con el inicio de la campaña, la cifra mas baja desde 2018.
A pesar de que sigue siendo un sector muy importante -903.170 hectáreas en toda España, más de 20.000 millones de euros de valor añadido bruto y con un valor de las exportaciones alrededor de los 3.000 millones de euros-, algunos nubarrones se ciernen sobre el mismo ya desde hace unos años.
El primero, y uno de los más relevante, es la caída del consumo en el mercado nacional. En el dato interanual, entre julio de 2025 y junio de 2026, se consumieron en España, 9,1 millones de hectólitros, la cifra más baja de la serie histórica si se exceptúa el dato, afectado por la pandemia del coronavirus, entre marzo de 2020 y febrero de 2021, 8,8 millones de hectólitros. El consumo per cápita, alrededor de los 24 litros al año, se sitúa a años luz del de países como el nuestro, de gran cultura vitivinícola, como Portugal (62 litros), Francia (46) e Italia (42), pero también por debajo de nuevos países consumidores.
En la caída continuada del consumo influye, principalmente, el cambio de hábitos de la población española de los últimos años, aumentando el consumo alternativo de la cerveza, con menor graduación, y de bebidas sin alcohol, además de formatos de menor tamaño. En este contexto, el sector vitivinícola no ha conseguido acceder con facilidad a los consumidores, a través de mostos parcialmente fermentados, vinos desalcoholizados y/o formatos de menor tamaño al de la clásica botella de 75 centilitros.
Por otra parte, los consumidores de vino, principalmente los jóvenes, se orientan, cada vez más, al vino blanco, con poco grado y más afrutado, frente a los tintos, especialmente los tradicionales crianzas, reservas y grandes reservas.
Estas nuevas formas de consumo no son exclusivas de España. Se dan, de una forma u otra, en el resto de los países consumidores. Y esto afecta a nuestras exportaciones, que caen desde 2024, tanto en valor como en volumen; 2.794 millones de euros y 17,53 millones de hectólitros respectivamente, entre junio de 2025 y mayo de 2026. En volumen, se trata de la cifra más baja desde 2012, muy lejos de los históricos 24 millones de hectólitros de 2015.
Y también, al tipo de vino exportado, donde destaca, cada vez más, el blanco, frente a la caída de los tintos envejecidos en barrica.
La situación del consumo, tanto en el mercado interno como en la exportación, está cambiando el terreno de juego, beneficiando a regiones como Castilla-La Mancha, especializadas en blancos y jóvenes, frente a regiones como La Rioja, otrora referente de las ventas, y ahora, con mucha dificultad para poner en el mercado el vino inmovilizado en barricas. Esto ha llevado a la inusual petición de arranque de ayudas para el arranque voluntario de viñedo por parte de viticultores y bodegas de esta Comunidad Autónoma, hecho que ya se ha producido en Francia, castigada también por los cambios en los hábitos de consumo.
Es necesaria una reorganización del sector, que pase por una mayor vertebración y enfoque global -incluyendo el vino, el mosto, la destilación y sus diferentes usos- a la hora de tomar decisiones, para lo que la reciente creación de la Interprofesional de Castilla-La mancha, puede ser una herramienta muy interesante, y de la que habrá que seguir su evolución.
También, hay que aumentar la promoción, la conexión del vino con la dieta mediterránea y la flexibilización normativa para hacer que el vino pueda enfrentarse de igual a igual con sus competidores en los mercados.
Tareas por delante para afrontar cambios estructurales una vez acabada la vendimia, que debe ser rentable para todos los eslabones de la cadena, especialmente los viticultores. Recordemos que sin ellos no podríamos disfrutar de uno de los mejores inventos del ser humano desde que existe, el vino.
Cuidemos a los viticultores y, consecuentemente, al vino.
Feliz vendimia para todos.