¿Lecciones aprendidas?

Vivimos tiempos difíciles. La incertidumbre causada por el Covid-19, en la salud pública y en la economía y, en general, en todo lo que atañe a nuestra forma de vivir, nos invade. Necesitamos, más que nunca, certidumbres. Entre las que hemos encontrado en estos meses tan complicados podríamos citar la confianza en los profesionales de la sanidad pública o en los diferentes eslabones de la cadena agroalimentaria, que han demostrado su capacidad y compromiso con la sociedad.

En abril de este año, en este mismo blog (https://ruralsiglo21.org/2020/04/14/la-voluntad-de-la-tierra/), apenas un mes después de la declaración del estado de alarma en nuestro país, llamaba la atención sobre la necesidad de extraer lecciones de la pandemia que estábamos, y seguimos, viviendo.

Septiembre es un mes siempre especial, pues supone el inicio del otoño y trae consigo la vuelta a las rutinas de colegios, trabajo y, en definitiva, de la vida. Era el mes en el que teníamos que estar preparados para garantizar el derecho a la educación en igualdad para todos, y una sanidad pública reforzada capaz de afrontar rebrotes y ser el corazón de nuestro estado del bienestar.

Hay luces, y sombras.

Entre las primeras, la contratación de más profesionales en la sanidad, de más profesores en la educación pública o de rastreadores en número adecuado, para poder trazar los brotes. En algunas comunidades autónomas. También, el compromiso europeo con la reconstrucción poniendo a disposición de los Estados Miembros de la Unión Europea, la aportación más extraordinaria desde el Plan Marshall, 750.000 millones de euros, más de las mitad de los mismos, en concepto de ayudas directas, en principio, sin contrapartidas.

También, un sentimiento de compromiso colectivo y solidaridad con los más afectados y con aquellos que nos cuidan y nos protegen. El uso de mascarillas, la distancia social o la utilización de gel hidroalcohólico son de cumplimiento muy generalizado. En ello, la sociedad española ha estado y está a la altura.

Estos días en los que nos adentramos en lo que parece ser la segunda ola, comenzado ya el otoño y las rutinas de la vida diaria, de nuevo sentimos la amenaza de la enfermedad, más fallecidos y más contagiados, al tiempo que la economía vuelve a resentirse.

Es un momento para políticos de altura que consigan, en la medida de lo posible, hacer que la maquinaria del país siga funcionando, al tiempo que se limitan al maximo los efectos de la enfermedad. Ayer mismo, el presidente del Gobierno recordaba el principio que debe guiar todas las decisiones: “si no hay salud, no hay economía”.

Podemos debatir si el Gobierno de España lo hace mejor o peor, desde la lealtad y el respeto institucional. Lo que no se puede poner en cuestión es que todos los esfuerzos se hacen para resolver la situación actual. No se pueden cuestionar permanentemente desde otras administraciones las decisiones del Gobierno central, que tiene las competencias de coordinación en situación de pandemia, según el momento, cambiando de opinión y de criterio, como está haciendo la Comunidad de Madrid desde la declaración del estado de alarma.

No es tiempo para llevar a la justicia lo que debe resolver la política responsable. Tampoco es tiempo para mociones de censura ni para discusiones de regate corto que enmarañan la gestión del Gobierno de España y de las comunidades autónomas en un momento tan delicado. Y tampoco es tiempo para insistir en un independentismo imposible. Ahora no toca. Los ciudadanos quieren otros liderazgos.

Es posible otra forma de hacer política que se sirva de las lecciones aprendidas. E imagino que hay poca discusión en cuanto a que debemos aumentar la inversión en la sanidad pública, contratando más profesionales, mejorando las instalaciones y la tecnología, invertir en la escuela pública, en los maestros y en su formación, y en la digitalización de la educación. Son solo algunos ejemplos, quizá los más claros, de los que la pandemia nos ha dejado ya recomendaciones para nuestro futuro.

Y en la economía y el empleo, parece razonable también utilizar pronto y bien, generando riqueza y empleo, los recursos públicos europeos del plan de reconstrucción que, en España, alcanzarán los 140.000 millones de euros.

También, apoyando a los trabajadores y autónomos, luchando contra el desempleo y el cierre del tejido productivo formado por pequeñas y medianas empresas, como están haciendo a través de los acuerdos, sin precedentes en nuestro país, para poner en marcha y prorrogar los ERTE, sindicatos y empresarios, bajo el liderazgo de la ministra de trabajo.

O reconocer el papel de los integrantes de la cadena agroalimentaria, principalmente agricultores, ganaderos y trabajadores del campo, a los que la sociedad, después de décadas de olvido, ha reivindicado con orgullo y justo reconocimiento, estos meses.

Tarea hay mucha por delante. Retos y objetivos de interés común no faltan. Si hay discrepancias en otras cuestiones, hay que dejarlas para más adelante.

Es tiempo, pues, de lecciones aprendidas. Y de luces largas. Todavía es posible. 

Comments
2 Responses to “¿Lecciones aprendidas?”
  1. Clara Herrero Ordóñez dice:

    Le sigo y leo hace tiempo y hasta ahora me parecía que tenía bastante sentido común pero después de este artículo ya se le ha visto el plumero y el sentido común se lo ha dejado detrás de sus ideas políticas.
    Le dejaré de seguir en este mismo momento

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